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Un día en el Mar

Subo a cubierta y enciendo un cigarrillo.

La primera bocanada de humo me hace toser. Una tos seca y dolorosa que convulsiona mi cuerpo. No mucho en realidad. Un pequeño temblor interno que compongo rápidamente con un golpe en el pecho.

Alzo mi vista y un cielo azul claro aparece frente a mi, y el mar, un mar azul, implacable, vivo. Reflejo de todos mis sueños, de todos mis ayeres. Un segundo basta para mirar su eternidad, un segundo para darse cuenta que todo cambia, todo se transmuta en millones de facetas. Pequeños fragmentos de ser.

Me regalo una sonrisa.

Por ese tipo de pensamientos no tienes una mujer a tu lado fernandito, cuando aprenderás.

En fin. El cigarro se acaba. Un sol que esta a punto de estrellarse en la mar y una estrella que sonríe, solitaria, en el este (Pequeña ingenua), me despiden.

 

Un rostro pasa por mi mente. Toco su boca, con un dedo toco el borde de su boca, y la dibujo como si saliera de mi mano, como si no existiera y con cada trazo de mi dedo dibujara una nueva boca.

No. No esta de más pensar en eso. Nunca esta de mas el saber que siento.

Tiro el cigarro al mar, meto mis manos a las bolsas de la chamarra y bajo las escaleras.

-Bueno fernandito, tienes que seguir, que los pensamientos mueran junto con el día.-

Me sonrió.